MOVIMIENTO FEMINISTA LILITH

“Una revolución no es digna de llamarse tal si con todo el poder y todos los medios de que dispone no es capaz de ayudar a la mujer –doble o triplemente esclavizada, como lo fue en el pasado– a salir a flote y avanzar por el camino del progreso social e individual” León Trotsky

martes, noviembre 14, 2006

DESESTRUCTURANDO LOS DISCURSOS HEGEMÓNICOS

Isabel Margarita Núñez Salazar, en: Mujeres jóvenes y participación política, sernam/injuv, 11 de noviembre, 2006.

Hola Buenos Días.

En primer lugar, quisiera dar las gracias, al SERNAM y al INJUV, en especial a Marcia Merino y a Susana Fuentes, por la invitación que me han hecho, para reflexionar sobre la participación política de nosotras, las mujeres jóvenes.

Mi reflexión el día de hoy, la hago a partir de la militancia social y feminista que tengo, en la Coordinadora de Feministas Jóvenes.

La cual es una organización social de mujeres, donde confluimos secundarias, universitarias y profesionales, con el espíritu libertario de construir una sociedad más justa y digna, tanto para mujeres y como para hombres.

Nuestra organización, es un espacio abierto en el que confluyen diferentes formas de vivir el feminismo, donde hemos decidido caminar juntas y revueltas, esforzándonos por encontrar puntos en común, sin despreciar el conflicto cómo ingrediente necesario de toda organización política

Esta forma horizontal de comprender la distribución del poder, nos permite eliminar las envidias y competencias que el sistema capitalista impone.

Por lo tanto, somos mujeres jóvenes y diversas, de distintas edades, que tenemos intereses y deseos en común, logrando hacer del conflicto, una manera de enriquecer aún más nuestra organización, ya que un buen acuerdo, es saber que estamos en desacuerdo.

Es, en ese espacio donde generamos poder, horizontalidad, respeto, amistad, alegría, compañerismo, acuerdos, críticas y reflexiones para la configuración de una realidad social más justa y feliz para todas y todos.

En ese sentido, la organización social de la cual provengo, pertenece al movimiento feminista chileno, que tiene sus inicios en el siglo XIX de la historia de Chile.

En 1875, las mujeres jóvenes de San Felipe, mayores de 21 años de edad, que sabían leer y escribir, decidieron ir a sufragar – votar – para las elecciones presidenciales de ese año. No obstante, al momento de llegar a las urnas, los hombres, vocales de mesa, que estaban en ese lugar, las excluyeron de poder sufragar, porque ellas eran mujeres. Estas mujeres jóvenes, no comprendían el porqué de su exclusión, si en la Constitución de 1833, que regía a nuestro país en ese momento, señalaba, que todos los ciudadanos mayores de 21 años, que supiesen leer y escribir podían sufragar.

Lo que ellas no sabían, era que ciudadano, se relacionaba estrictamente con el sexo masculino, y que por única vez, no tenía esa connotación genérica errada, que señala incluir a mujeres y a hombres. Algo tan parecido, a cuando estamos en la sala de clases y nos enseñan que la historia de la humanidad o del hombre, es la historia de hombres y mujeres.

Luego de la presión que ejercieron estas mujeres en el espacio público, la Constitución de 1833, reconfiguró ese artículo, señalando que no podían votar, las mujeres, los analfabetos y los delincuentes, quedando rezagadas a la misma marginalidad que estos sujetos.

Así, y gracias a la resistencia que estas mujeres de elite ejercieron, se transformaron en el movimiento feminista y sufragista chileno del siglo XX, consiguiendo, ellas, el sufragio universal, que gozamos hasta el día de hoy, el año 1949.

Diez años más tarde, en 1885, las mujeres obreras, en el norte de nuestro país, también se estaban organizando para luchar por sus derechos, el descanso dominical, la igual remuneración que sus compañeros hombres, por el mismo trabajo realizado, además de acceder a una maternidad deseosa y no obligatoria.


Muchas de ellas, fueron grandes precursoras de los movimientos sociales obreros en el Chile del siglo XX, logrando conseguir el código del trabajo el año 1931, el cual se mantiene en la actualidad.

De esta manera, estas mujeres jóvenes y proletarias, se constituyeron en el movimiento feminista obrero de Chile. Que luchó junto con los trabajadores de las salitreras, de las minas del carbón y de las industrias urbanas, las conquistas sociales del siglo XX, como por ejemplo, la Ley de la Silla, la obligación al descanso los días domingos, el pago de las vacaciones, el pre y post natal femenino, entre otros.

Gracias a la lucha social, política y cultural de estas mujeres, hoy nosotras podemos estar debatiendo e ideando una nueva sociedad, una sociedad más justa, más digna y más amable, en donde mujeres y hombres vivamos más felices.


Deseo, rescatar a estas mujeres jóvenes, que constituyen parte fundamental de nuestra historia y memoria, no porque en nuestros colegios, liceos, escuelas, universidades e institutos, se las invisibilizen, sino porque, gracias a su organización en tanto mujeres, lograron conseguir todos los derechos que nosotras, el día de hoy gozamos, y porque, gracias a sus luchas, nosotras, hoy, podemos debatir sobre política.

Quisiera detenerme, en la categoría de mujer.

Ser mujer, tiene que ver, con la heterogeneidad y la diversidad de mujeres que habemos en la sociedad. Mujeres heterosexuales, homosexuales, bisexuales, solteras, viudas, casadas, divorciadas, feministas, católicas, protestantes, jóvenes, adultas, adultas mayores, niñas, adolescentes, indígenas, mestizas, roqueras, folclóricas, reggetoneras y un sin fin de especificidades, que tienen relación con que no todas las mujeres somos iguales.


No obstante, existe una historia que nos une, la cual se relaciona con la construcción de nuestras identidades. Identidades, que por cierto, están en disputa política.


Y señalo en disputa política, porque son Otros, los medios de comunicación, el Estado, la Iglesia, el colegio, el liceo, la familia, quienes deciden cuáles son nuestras necesidades, cuáles son nuestros deseos, son Otros quienes deciden por nosotras.


En este contexto, la categoría joven, que se relaciona con la experiencia específica de nuestras vidas, como por ejemplo haber nacido a fines de los ochenta o a principio de los noventa, crecer y vivir en democracia, observando los procesos de liberalización sociopolíticos, económicos y culturales de nuestro país, han quedado plasmados en nuestras memorias individuales y colectivas.


Lo cual hace, que nos convierta en sujetas políticas capaces de decidir, discernir, elegir, criticar y opinar respecto de nuestro entorno, de nosotras y de los Otros. Aún sabiendo, que Los Otros, digan que no sabemos lo que queremos porque somos jóvenes, inmaduras, cabras chicas, cabras, como si fuésemos animales, y otras descalificaciones que tienen que ver, sólo por el echo de ser jóvenes.

Ese adultocentrismo, que es el poder que ejercen los adultos y las adultas, sobre sujetos y sujetas jóvenes, actúan como dispositivos de poder, que censuran, vigilan y designan deseos que no necesariamente queremos, pero que los hacemos nuestros, por el hecho de que los otros, los adultos o los medios de comunicación, dicen saber más de nosotras, que lo que nosotras, realmente, decimos saber de nosotras mismas, situándonos en la ignorancia misma de nuestra individualidad.

No obstante, existen mujeres y hombres jóvenes que actúan como adultos, y que ejercen un poder autoritario y represivo ante sus mismos compañeros, compañeras, ante sus amigas, ante sus amigos, ante sus parejas, ante sus hermanos y hermanas.

Ese poder coercitivo, que los y las va posicionando en un espacio de superioridad, por aniquilar al otro, a la otra, extermina todas las posibilidades de trabajar en conjunto, de respetar la diversidad entre la multiplicidad de personas que somos, y va limitando los espacios , de nuestra acción política.


De esta manera, el adultocentrismo se va instalando en nuestros cuerpos, para señalarlos, cómo debemos ser, y qué es lo que debemos hacer, en función de los intereses de los otros y no de los nuestros.


Me gustaría detenerme ahora, en la Política. Ese espacio de lucha por el poder, que se vuelve competitivo y que permite desarrollar discursos, estructuras y sujetos capaces de relacionarse en un mismo espacio, por el bien común.


El cuerpo es nuestro primer territorio de ciudadanía, lo que hace, que nuestro cuerpo, y en especial el vientre femenino, se transforme en un campo de disputa política.

Esto, porque el adultocentrismo se encarna en nuestros cuerpos, señalando qué es lo correcto que debemos hacer con él, en función de sus ambiciones, tener hijos e hijas no deseados, vivir la heterosexualidad obligatoria, iniciar el sexo a una edad adulta y madura, imponernos la delgadez como modelo unívoco de belleza, y otras características que van domesticando nuestro cuerpo, como el molde que el adultocentrismo necesita para sobrevivir.


En ese sentido, la aprobación que hizo la Corte de Apelaciones de Santiago el día de ayer, a la libre repartición de la pastilla del día después, o postinor 2, en los consultorios a mujeres jóvenes, mayores de 14 años, sin consentimiento de los padres, es una trasgresión al patriarcado, y una conquista feminista, que hace democráticamente a las mujeres vivir su cuerpo, su sexualidad y su presente.

Democracia señalo, porque según el último informe del Instituto Nacional de Estadísticas, son las mujeres pobres y jóvenes de nuestro país, quienes mayoritariamente se embarazan, y quienes deben postergar sus vidas, a favor de hijos e hijas que tal vez, ellas no planificaron.


En ese sentido, tenemos el derecho humano, a una maternidad deseable, a la Intervención Voluntaria de un Embarazo, al acceso informado de métodos de planificación familiar, a gozar libre y placenteramente nuestra sexualidad, con quien deseemos, y no a censurarnos por optar lo diferente, que la norma social moderna, ha impuesto como verdad.


Todo esto que he señalado, se relaciona con la importancia que tiene el agruparse como mujeres y como jóvenes. Porque nuestras experiencias, nuestras necesidades y nuestras realidades, las únicas que las sabemos somos nosotras, y en relación a eso, son las demandas que debemos levantar.


No debemos permitir que sean los otros, los que tomen las decisiones por nosotras, debemos actuar en conjunto, creando alianzas, también con el mundo adulto, claro está, para que nos entreguen la historia de sus experiencias, y se genere, el intercambio intergeneracional, para la construcción de un mundo más justo, más digno y más verdadero.


Porque, debemos organizarnos para empoderarnos, para luchar por lo que deseamos, tal como lo hicieron nuestras antepasadas en el siglo XIX y XX, tal como lo hicieron nuestras madres, de postergarse ellas a favor de nosotras, y entregarnos las herramientas necesarias para ser las mujeres que hoy somos.


Porque tendremos que compartir el poder, yo las invito, a que subviertan el orden social, a que se organicen en tanto mujeres jóvenes y levanten sus propias demandas, trabajando en conjunto con movimientos sociales y otras estructuras que legitimen sus demandas, tal y como ustedes las plantean, impidiendo que se las reformulen, porque como sujetas políticas y sociales, tienen la misma calidad, el mismo derecho y la misma responsabilidad social, de querer construir el mundo que quieren vivir.


Muchas Gracias.

3 Comments:

  • At 7:03 a. m., Blogger Natalia Flores González said…

    Felicitaciones...bien x la nueva generación de feministas...(una ke va dejando la categoría)
    parabienes

    Nata

     
  • At 5:34 p. m., Anonymous HEYSEL said…

    saludos desde antofagasta compañeras!
    quisiera saber sobre ustedes para una intervencion urbana que aremos aca proyecto raiz va a hacer un tipo exposicion para el dia de la mujer y quisiera saver sus principios,sus logros,sus objetivos, kienes son etc informacon sobre ustedes para analisarla y ver si la utilisamos apra darlas a conocer como luchadoras sociales feministas
    espero prontas respuestas si me la podrian mandar a mi mail muerta_de_cristo@hotmail.com
    tambien les dejo la pagina de nosotr@s WWW.PROYECTORAIZ.BLOGSPOT.COM
    saludos y abrasos

     
  • At 12:55 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Sólo opino que la mujer ninguna es neanderthal, somos en todo caso extraterrestres. No somos como los de aquí. El día que perdamos miedo, que es lo único que nos delata, hay que perder el miedo a la muerte, no quiero decir con eso que nos de igual morir...
    Pero ya que somos superiores en todo porque somos más conscientes de todo, seamos quienes somos y llamémosnos inteligentes, seres inteligentes con una mente preparada, con una mente que no admite tan fácilmente los actuales lavados de cerebro y programación. Por eso existe ese complejo sexista de inferioridad por parte de un hombre acabado. Porque no ha tenido un origen quizás.

     

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